sábado, 26 de febrero de 2011

El verano

El verano, pese a lo que digan algunos, es la estación del año más deseada. Se que esta es una afirmación polémica, y podría hacer una larga argumentación sobre el tema mencionando que para trabajar no está buena pero para estar de licencia sí, y que el invierno tiene su atractivo pero por algo los pájaros viajan para vivir siempre en verano, etc.
Pero no me interesa esa polémica, quiero hablar sobre las frutas. Es que las frutas son un atractivo para que nos guste el verano, aparecen esas que nunca vez en invierno, durazno, pera, uva, ciruela, melón, sandía entre otras.
El tema viene con la sandia y el melón justamente. Es que ¿como saber si el melón que uno compró es un buen melón? ¿y con la sandía?
Es que viste que no es tan fácil, ahí vienen las distintas técnicas. Por lo general veo que golpean suavemente a las sandias y huelen fuertemente al melón.
Y claro uno de ver a otros hacer eso, lo imita. Yo realmente debo confesar que me siento como un estúpido oliendo un melón, ¿que se supone que debo oler? debe ser el mismo olor que cuando uno lo abre o es otro para el cual uno debe entrenarse? además por lo general lo huelen en donde estaba el cabo, no se como se llama. Pero ahí por lo general hay una sustancia blanca como cal, que no se si es para impedir el proceso de putrefacción o para simular el olor preciado, en cualquier caso yo no sé lo que estoy haciendo mientras huelo el melón. Me hice consciente de esto cuando una vendedora me dijo: -No, no el melón es como cualquier otra fruta, si tiene color maduro está maduro y si no, no. Por el olor es más difícil distinguirlo.-
No es que le vaya a creer a la vendedora, todos sabemos que no podemos creer a ningún vendedor, y menos si nos habla de la mercadería que nos está intentando vender, pero no parece un razonamiento muy disparatado. Es que me hizo pensar en las sonrisas complices que deben intercambiar los feriantes mientras yo con cara seria intento elegir los mejores puerros y termino descartándolos quedándome con otros no tan buenos
Ahora cada vez que veo a un señor, sí siempre son señores y mayorcitos, golpear suavemente una sandia, me viene una sensación de envidia mezclada con la satisfacción de que ya no voy a hacer el ridículo tratando de escuchar algo que no sé que es.